Hoy paseaba por la estación de autobuses
después de una larga mañana en la que me tuve que recorrer todo el centro de Sevilla cuando escuché una aguda voz: ''Oye chico, mírame''. Me asusté, pensé que la había liado, o que sin darme cuenta había manchado el honor de una familia, pero miré hacia abajo para ver su cara oculta tras unos cristales enormes de culo de vaso y seguí escuchando: ''¿Es que no ves que tienes los pantalones rotos por debajo y que te vas llevando toda la mierda? dile a tu madre que te los corte y te haga un dobladillo, yo se lo hago a mi hijo, mira, se hace así...''. ''No se moleste, creo que ella sabrá''. ''Vale hijo, pero no lleves los pantalones tan bajos que pareces un marginal de esos y te vas llevando toda la saliba y todo ¡puaj, que asco!, bueno me voy que tengo prisa''.No me dio tiempo a decirle que yo me coso mi propia ropa desde hace bastante tiempo, en parte para practicar métodos medicinales y en parte por que mi madre ya no está por la labor. La veo alejarse muy deprisa, tendrá unos 70 años, seguro que es feliz.
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